Según Ocampo, la medida llega en un momento crítico para los estudiantes, que continúan con mesas de exámenes hasta el 19 de diciembre. “Para nosotros significa un montón. Somos estudiantes de distintos puntos de Misiones, de otros lugares del país y también de la ciudad. El boleto significa poder sostener nuestra continuidad académica en un contexto donde cada vez cuesta más llegar a fin de mes”, afirmó en el streaming Sala Cinco.
La referente estudiantil destacó el esfuerzo provincial para sostener una política que, según recordó, no depende de fondos nacionales. “Sabemos que el boleto estudiantil no es gratis. Es gracias al aporte de toda la comunidad misionera. Es una política que se mantiene con un esfuerzo colectivo para que miles de jóvenes podamos seguir estudiando sin que el costo del transporte sea una limitación”, indicó.
También remarcó que la ampliación de días es clave para quienes estudian y trabajan simultáneamente. “Muchos somos estudiantes trabajadores. Sabemos lo que implica sostener un hogar, pagar el alquiler, mantener los gastos, comprar comida e intentar progresar”, señaló.
Ocampo detalló el nivel de movilidad que tienen los alumnos que viven fuera de Posadas. “Soy de Jardín América y utilizo el boleto para viajar a mi pueblo. Tenemos cuatro pasajes al mes para regresar a nuestras localidades. Y en la ciudad, según el día, gastás hasta cuatro pasajes para ir a la facultad”.
“El boleto no nos beneficia solo en forma individual. También promueve la equidad territorial y permite que jóvenes de zonas alejadas accedan a la educación pública sin que el lugar de origen condicione sus posibilidades”, agregó.
Las consultas por albergues universitarios crecieron en las últimas semanas. La referente estudiantil describió un panorama alarmante: “El que quiere venir a estudiar desde otro punto de la provincia hoy la tiene más difícil. Los alquileres aumentan cada dos meses. También tenemos una gran deserción por motivos económicos, porque ya no existe solo el estudiante que se dedica a estudiar, muchos tenemos que trabajar, y a veces con un trabajo no alcanza”.
Ante estas circunstancias, algunos jóvenes debieron dejar la ciudad por falta de recursos: “Hay compañeros que están en esa situación. Intentamos acompañar, pero hay cuestiones que nos exceden. Muchos no quieren volver a sus localidades porque temen no poder retomar la carrera”, reveló.
El impacto emocional de la crisis también afecta el rendimiento académico. “Uno ya enfrenta dificultades académicas. Si a eso se suma lo económico, lo familiar, la salud física o la salud mental, todo se hace más difícil”, manifestó.
Para mitigar esta problemática realizaron talleres y charlas con especialistas durante el año. “Nuestros compañeros nos piden herramientas para afrontar situaciones como no rendir bien o temer perder el trabajo. También trabajamos para saber cómo acompañar a alguien que esté en una situación crítica. Nadie la está pasando bien. Por eso necesitamos espacios que nos permitan sostenernos entre nosotros, remarcó.
Fuente(Misionesonline)




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