Según surgió en el proceso de juicio, el cirujano Fernando Cordero -que atendía a Valentín en la clínica- había señalado que no se trataba de una intervención de alta complejidad. Pero, según la acusación, Valentín pasó al menos diez minutos sin registros de presión arterial ni oxigenación, lo que habría provocado una encefalopatía hipóxico-isquémica.
Durante ese tiempo, se comprobó que Atencio Krause usó el celular y dejó el quirófano para buscar el cargador del teléfono.
En su alegato, el fiscal Rubiolo, consideró: "El médico anestesiólogo imputado, por su impericia, negligencia, y por no tomar en cuenta la rigurosidad debida que indica el protocolo de actuación, causó la muerte de Valentín".
“A raíz de una encefalopatía hipóxico isquémica, ocurrida durante la cirugía, atento a que omitió como anestesiólogo a cargo vigilar y prestar la atención anestésica en forma continua. El niño registró a las 10.50 del día 11 de julio un período anormal, conforme surge de la planilla del monitor multi-paramétrico, por un lapso de 10 minutos carente de registros de presión arterial y pulsioximetría, produciendo una taquicardia que le generó una hipoxia, cuestión que debía ser advertida por el médico aquí imputado”, detalló.
Mientras todo esto pasaba, los padres de Valentín -Ariana Toledo y Daniel Mercado- esperaban ansiosos mientras el procedimiento se demoraba más de lo esperado. Miguel Angel Zeballo Díaz explicó a Clarín que, "no terminó ahí" porque después continuó una semana de "incertidumbre" y lo que durante el juicio una psicóloga calificó como una "estafa emocional".
"Durante esos días hubo estudios, médicos y todo el tiempo le decían que tenía que estar tranquila, que debía esperar la evolución. Pero sabían lo que había pasado en el quirófano. Fueron siete días de incertidumbre, recibieron un trato muy cruel. Ariana pasó un momento que, como padre, nunca quiero pasar en la vida: con su hijo en brazos escuchó 'mami, lo vamos a desconectar'", contó Zeballo Díaz respecto de lo relatado en el juicio.
Es que cuando finalmente terminó la cirugía, que ya había demorado más de lo previsto, Ariana recibió el parte y volvió a ver a su hijo en terapia intensiva conectado a tubos y rodeado de monitores. Estaba sedado, pero no por la cirugía. Los pronósticos que recibía eran confusos, que "en unas horas" le sacarían el respirador, que había que esperar a que despertara, que tendría dificultades para hablar o caminar, que "todo estaba bien".
No lo estaría. Valentín empezó a convulsionar, tuvo fiebre y un diagnóstico de diabetes insípida. Supo después que esos eran todos los síntomas de la muerte cerebral.
Finalmente le confirmaron que no había nada que hacer y la familia accedió a la desconexión. Tras el fallecimiento realizaron la denuncia y se inició la investigación.
Fuente(Clarín)